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EXPERIENCIAS DIARIAS

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February 13 February 15
14 February 2020
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Mi refugio y lugar seguro Mi refugio y lugar seguro
Eduardo R.
Área Baja California Norte Uno

En el último día que ingerí alcohol, me arrestaron en un pueblo de Estados Unidos y me trasladaron a la cárcel del lugar. Después del primer mes de mi encierro y de haber salido de las temblorinas y la sudoración, recordé que tenía 3 hijos pequeños.

Era 1994 y le escribí a mi esposa después de casi 2 años de haber perdido contacto con ella. Le pedí que me mandara algunas fotos y la sorpresa que me dio mi suegra en su carta fue que mi esposa tenía 3 meses en coma por una sobredosis.

No me desplomé porque estaba sentado, pero sentí que me zumbaba la cabeza. Fue la primera vez que pensé en dejar de beber y en ese proceso de sentencia, un compañero me invitó a una reunión de Alcohólicos Anónimos dentro de la prisión. Ahí, me di cuenta de que era el lugar que necesitaba.

Hasta la fecha no he vuelto a hacer contacto con el alcohol y me mantengo en mi grupo base, haciendo servicio. Hoy, tengo la certeza de que estoy en puerto seguro.
Una cosa a la vez Una cosa a la vez
Fortino Z.
Área Baja California Sur

Por el año 2003, pensé que estaba viviendo mis últimos días de alcoholismo crónico: sólo vivía para beber y bebía para vivir.

Después de pensar qué quería para mí, consideré la idea de cambiar mi modo de existir y el 13 de abril de ese año, acepté la invitación de un compañero que había sido de parranda para ir a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Él ya había cambiado. Estaba limpio, alegre, sonriente y sin beber. Yo quería sentir algo similar.

Los últimos tiempos de mi alcoholismo estuvieron llenos de torbellinos emocionales, todo me molestaba, ya no podía estar en paz conmigo mismo, y me dije: “es ahora o nunca”. Fue así como llegué al grupo Nueva Dirección, y desde ese día no he bebido nada que contenga alcohol.

A través del apadrinamiento y del estudio de los Doce Pasos, he podido reconciliarme con la vida, desde el Primer Paso que me invita a aceptarme tal como soy, dejar el pasado y luchar por lo que tengo, que es la vida misma.

Me dijeron que las cosas llegarían por añadidura, una cosa a la vez. Primero, la sobriedad, la reconciliación conmigo mismo y con los demás, y después trabajar con las demás dificultades que van surgiendo día a día.

La reconciliación con un Poder Superior fue placentera porque ya no tenía los efectos del alcohol y ya no estaba solo; si yo le pedía sinceramente, Él podría devolverme el buen juicio para dirigirme a los demás.

Poniendo en práctica los principios del programa, hoy tengo una vida útil. He reparado la relación con mis hijos, a los que tanto dañé. Hoy somos grandes amigos. Con la comunidad en donde vivo trato de guiarme de una manera más sencilla. Ya no soy prepotente y trato de mantenerme dentro del grupo para fortalecer mi sobriedad.

Plenitud Digital AA ...