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EXPERIENCIAS DIARIAS

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February 18 February 20
19 February 2020
Title Time Description
Servir para agradecer Servir para agradecer
Anónimo
Área Chihuahua Centro

Mi cuñado, al ver la desesperación de su hermana ante la vida que llevaba, el infierno que vivía en su propio hogar, me invitó a que nada más fuera a escuchar cómo le hacían para dejar de beber.

La verdad me gustó pues ya había intentado por varios medios y no me sentía bien. Mis resentimientos no dejaban que yo creyera en algo a Dios. Batallé mucho, pues cuando no dejas salir esos resentimientos, los miedos del pasado suelen atormentar a diario. Aquello no era vida y la soledad que tenía era interna.

Un buen día llegó una persona y se puso a platicar conmigo. Me escuchó durante casi 2 horas y al final, me sentí liberado y con una paz indescriptible.

Hoy, mi familia está unida; cuando llegué al grupo tenía un hijo, y hoy tengo 3. Es una dicha muy grande y por eso empecé a servir en el grupo, porque me dijeron que si servía, podía agradecer a Alcohólicos Anónimos por esa alegría tan grande que me dieron.
Aprender a vivir Aprender a vivir
Antonio I.
Área Morelos

Cuando me invitaron a Alcohólicos Anónimos creía que me iba a encontrar con gente que me enseñaría a tomar, como los catadores de vinos. Tenía la ilusión de ser como los bohemios, beber toda la noche, decir palabras trascendentales que impresionaran al público y no caerme de borracho. Grande fue mi sorpresa porque en mi junta de información sólo veía a personas, según yo, sin cultura, campesinos, peones, obreros. Sólo una o 2 personas, según mis prejuicios, estaban preparados; aún así, por educación no desairé la invitación.

Llegué con la moral por los suelos, sin sentido de la vida y sin sueños. Había desplazado al dios inculcado por mi madre por la ciencia. No aceptaba las cosas sin comprobación científica y lo que me sucedía era por casualidad, me consideraba un fracasado, pues aún con mi brillantez terminé trabajando haciendo cuadritos para la construcción.

Estaba resentido con el gobierno porque no me dio la oportunidad de trabajar en la burocracia, pensaba que mis ideales eran buenos, que cuando tuviera el poder cambiaría al mundo, repartiría equitativamente las riquezas, ayudaría a los pobres y marginados, evitando la miseria y así ya no habría bandidos. Como nada de eso pasó, me fui al otro extremo, me hice borracho y desobligado.

Al final de mi junta de información, se me acercó un veterano, quien me dijo unas palabras que se me quedaron grabadas como con hierro candente en mi orgullo y vanidad: “aquí te vamos a enseñar lo que ni en la mejor universidad puedes adquirir”. Me salió lo criticón y pensé “pobre gente, qué me pueden enseñar”, continuó diciendo, “te vamos a enseñar a vivir”, ante esas frases no tuve respuesta ni pude salirme por la tangente; era lo que necesitaba “aprender a vivir”, porque toda mi vida había sido un infierno, por mi mal carácter y mi autoritarismo.

Desde ese momento me quedé y poco a poco se ha ido infiltrando el programa en mí y ha hecho maravillas. Me ha servido estar aquí porque adquirí el verdadero valor de la humildad y he retomado mi relación con Dios, como yo lo concibo, a quien le doy gracias y le pido que me siga ayudando todos los días.

Plenitud Digital AA ...