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EXPERIENCIAS DIARIAS

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February 22 February 24
23 February 2020
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Se hacen las cosas, no se dicen Se hacen las cosas, no se dicen
Juan José R.
DF Sur

Después de 2 años de estar en Alcohólicos Anónimos, entendí lo que ofrecía la Primera Tradición y no me gustó. Yo quería sobresalir, como le había hecho siempre; pero aquí éramos todos iguales.

Y cuando empecé a servir, me encontré también con la Segunda Tradición. Entonces, me dijo el padrino: “Mira bien la palabra ‘servir’; ¿sabes lo que es eso?”. Y yo lo desconocía. “Estarás en tu grupo”, me dijo, “informarás a tu distrito; y del distrito, el área y la oficina, lo harás a tu grupo. Eso sí, si lo haces con dedicación y amor, te asegurará no beber y estarás tan ocupado que te olvidarás del alcohol. ¡Eso es servir!”.

Entendí que para el bienestar común debía aceptar que mis compañeros votaran como ellos entendieran los planes presentados.

Mi soberbia sufría; yo, que desde los 22 a los 32 años de edad, que llegué al grupo, había manejado mínimo 6 personas técnicas en mi ramo, que hacían lo que les indicaba, pero aquí me topé con pared.

Sin embargo, fui impregnado de la magia de Alcohólicos Anónimos, seguí los consejos de los padrinos de servicio y recuperación. Me dijeron: “se hacen las cosas, no se dicen. Sentirás la fortaleza y la satisfacción que da el servicio; por fin, harás algo por otros y eso te beneficia; por consiguiente, también a tu familia”.

Con el paso del tiempo, me di cuenta de que la recuperación iba de la mano con la unidad y el servicio, porque tuve la necesidad de hacer mi Cuarto Paso y el Quinto. Así, fui adquiriendo prudencia y paz, y comencé el camino del servicio.
Mi caminar en el servicio Mi caminar en el servicio
Federico A.
Área DF Norte

Cuando llegué por primera vez al distrito, no imaginé todo lo que iba a aprender y a servir en mi vida. Con 2 años de precaria sobriedad, empecé esta grandiosa experiencia en nuestro Tercer Legado.

Lo primero que me dijeron en esa bienvenida que era el último aplauso que se me daba, que de los 4 sábados del mes ojalá cumpliera mi servicio, ya que el que me presentó había terminado su servicio, asistía un sábado y dejaba de ir los otros 3. Me dijeron que una vez al mes tenía que asistir a nuestra asamblea de área del comité estatal.

Otra cosa que aprendí de mi padrino de servicio fue a ser puntual, y a que hiciera uso de mis derechos y responsabilidades; uno de ellos, el derecho de participación en las asambleas de área y de distrito, que aprendiera a detectar que era una inquietud de peso, una moción y un asunto general, que tomara mis propias decisiones y que otros no las tomarán por mí, que no dejara de asistir a mi grupo base ni descuidara mi recuperación, que apoyara a los comités y a nuestros líderes.

Todo esto me llevó a vivir la creación de una nueva área y a ser parte de esa primera asamblea electiva.

Plenitud Digital AA ...