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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 21 March 23
22 March 2020
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Continúo en mi proceso Continúo en mi proceso
Francisco R.
Área México Norte

Tuve una infancia llena de sinsabores y desencantos, jamás recibí un juguete en Navidad o reyes, fui niño golpeado, mi madre era brutalmente golpeada por mi padre y yo, al estar sumamente ligado a ella, sentía su miedo y ello me llevó a ser inseguro y claro en la edad de la rebeldía, esa inseguridad me llevó a querer ser aceptado por esa gente que me llevó al alcoholismo.

Juré que me vengaría de mi padre y durante años me dediqué a alcoholizarme, con la idea de que le estaba haciendo daño a él.

Llegué a prisión por mi alcoholismo, y estuve encerrado durante más de 6 años, y al salir, resentido y humillado, seguía colocando toda la culpa en mi padre.

Haber llegado a Alcohólicos Anónimos ha sido lo mejor que me ha sucedido, aquí he llenado un hueco que ni con mujeres, droga, alcohol he podido llenar. Alcohólicos Anónimos me promete una vida llena de plenitud, si así lo quiero. Gracias a ustedes y sólo por hoy continúo con mi proceso de recuperación.
Las coincidencias del camino Las coincidencias del camino
Jorge C.
Área DF Sur

Un día, en abril de 1997, regresaba de Veracruz, un lugar que preferíamos mi esposa y mis 2 pequeñas. Hasta ese momento todo marchaba bien, pero se nos ocurrió pasar a comprar un poco de café en Córdoba, y después de unos 3 o 4 kilómetros, comenzó a fallarme el coche.

Mi hija, la más grande, de 7 años de edad, se regresó con mi esposa para conseguir un mecánico y yo me quedé con la pequeña de 5 años, cuidando el auto. Como a la hora, llegó Alfredo, el mecánico. Lo revisó y me dijo que era la cadena de distribución. Por tal motivo teníamos que llevarlo al taller que estaba en Jalapa, en su casa.

Era domingo y todas las refaccionarias estaban cerradas; además, fuimos a ver a un conocido distribuidor que había tenido fiesta la noche anterior. Le dije lo que necesitábamos y fue a buscarlo (muy en contra de su voluntad, pues estaba crudo) y por buena suerte nos vendió la cadena y otras cosas que necesitaba Alfredo.

Regresamos a su taller, destapó el motor y lo arregló. Eran como las 6 de la tarde. Cuando le pagué y me despedí, le di las gracias y me respondió: “Gracias a Dios, sólo por hoy”. Ahí me di cuenta de que Alfredo era de Alcohólicos Anónimos y nos identificamos como compañeros, teniendo así un gran testimonio del programa de recuperación y de nuestro Poder Superior, como una enorme bendición.

Plenitud Digital AA ...