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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 22 March 24
23 March 2020
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Las coincidencias del camino Las coincidencias del camino
Jorge C.
Área DF Sur

Un día, en abril de 1997, regresaba de Veracruz, un lugar que preferíamos mi esposa y mis 2 pequeñas. Hasta ese momento todo marchaba bien, pero se nos ocurrió pasar a comprar un poco de café en Córdoba, y después de unos 3 o 4 kilómetros, comenzó a fallarme el coche.

Mi hija, la más grande, de 7 años de edad, se regresó con mi esposa para conseguir un mecánico y yo me quedé con la pequeña de 5 años, cuidando el auto. Como a la hora, llegó Alfredo, el mecánico. Lo revisó y me dijo que era la cadena de distribución. Por tal motivo teníamos que llevarlo al taller que estaba en Jalapa, en su casa.

Era domingo y todas las refaccionarias estaban cerradas; además, fuimos a ver a un conocido distribuidor que había tenido fiesta la noche anterior. Le dije lo que necesitábamos y fue a buscarlo (muy en contra de su voluntad, pues estaba crudo) y por buena suerte nos vendió la cadena y otras cosas que necesitaba Alfredo.

Regresamos a su taller, destapó el motor y lo arregló. Eran como las 6 de la tarde. Cuando le pagué y me despedí, le di las gracias y me respondió: “Gracias a Dios, sólo por hoy”. Ahí me di cuenta de que Alfredo era de Alcohólicos Anónimos y nos identificamos como compañeros, teniendo así un gran testimonio del programa de recuperación y de nuestro Poder Superior, como una enorme bendición.
Mis 2 enemigos Mis 2 enemigos
Adrián L.
Área Jalisco Centro

Nací en una familia disfuncional. Fui hijo único y tuve la protección de toda mi familia. Mi madre tenía ilusiones en mí y yo soñaba en salir adelante con ella; así como mis familiares, tener un futuro mejor.

Conocí el alcohol y las drogas en una fiesta en la secundaria. La emoción que sentí al pertenecer a algo, me hizo escapar a ese sentimiento de inferioridad que tenía.

Pasó el tiempo y entré a la universidad, donde conocí a una chica que fue como una motivación para seguir adelante; la amaba pero lo que no sabía era que estaba poniendo mi vida al cuidado de 2 poderosos enemigos: el alcohol y la codependencia.

Me fui alejando poco a poco de mi familia, de mis amigos y de mis compañeros. Todo me irritaba, tenía que beber para soportar las exigencias de mi pareja. Ya nada era lo mismo. Sólo quería estar a su lado y seguir consumiendo. Cuando menos me percaté ya estaba en condiciones muy lamentables.

Mi pareja se había ido con alguien que sí le demostró seguridad; mis sueños universitarios se habían ido. Mis amigos se alejaron y yo era un estorbo en casa. Cuando vi mi condición, me hinqué y dije: “Dios mío, ayúdame, ya no puedo seguir así”. Y entonces vino a mi mente la primera vez que conocí un grupo. Me levanté y fui a ese lugar. El que es mi padrino ahora me recibió y me dijo que ya no estaba solo, que mis problemas eran también suyos.

Durante un mes tuve un periodo de locura, hasta que llegó la oportunidad de ir a la convención nacional del Estado Azteca, en el 2011. Ahí, pude comprobar que hay miles de personas como yo que pasaron por cosas similares y que estaban en la búsqueda de la felicidad. Pero vi también que podíamos llevar entre todos la esperanza a otras personas, de que sí hay una solución y entendí que lo que decía mi padrino era verdad: “ya no estás solo”.

Desde entonces no he vuelto a beber y sigo buscando más años de sobriedad.

Plenitud Digital AA ...