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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 23 March 25
24 March 2020
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Mis 2 enemigos Mis 2 enemigos
Adrián L.
Área Jalisco Centro

Nací en una familia disfuncional. Fui hijo único y tuve la protección de toda mi familia. Mi madre tenía ilusiones en mí y yo soñaba en salir adelante con ella; así como mis familiares, tener un futuro mejor.

Conocí el alcohol y las drogas en una fiesta en la secundaria. La emoción que sentí al pertenecer a algo, me hizo escapar a ese sentimiento de inferioridad que tenía.

Pasó el tiempo y entré a la universidad, donde conocí a una chica que fue como una motivación para seguir adelante; la amaba pero lo que no sabía era que estaba poniendo mi vida al cuidado de 2 poderosos enemigos: el alcohol y la codependencia.

Me fui alejando poco a poco de mi familia, de mis amigos y de mis compañeros. Todo me irritaba, tenía que beber para soportar las exigencias de mi pareja. Ya nada era lo mismo. Sólo quería estar a su lado y seguir consumiendo. Cuando menos me percaté ya estaba en condiciones muy lamentables.

Mi pareja se había ido con alguien que sí le demostró seguridad; mis sueños universitarios se habían ido. Mis amigos se alejaron y yo era un estorbo en casa. Cuando vi mi condición, me hinqué y dije: “Dios mío, ayúdame, ya no puedo seguir así”. Y entonces vino a mi mente la primera vez que conocí un grupo. Me levanté y fui a ese lugar. El que es mi padrino ahora me recibió y me dijo que ya no estaba solo, que mis problemas eran también suyos.

Durante un mes tuve un periodo de locura, hasta que llegó la oportunidad de ir a la convención nacional del Estado Azteca, en el 2011. Ahí, pude comprobar que hay miles de personas como yo que pasaron por cosas similares y que estaban en la búsqueda de la felicidad. Pero vi también que podíamos llevar entre todos la esperanza a otras personas, de que sí hay una solución y entendí que lo que decía mi padrino era verdad: “ya no estás solo”.

Desde entonces no he vuelto a beber y sigo buscando más años de sobriedad.
Levanta la mano a la vida Levanta la mano a la vida
Arturo S.
Área México Sur

Soy un alcohólico en recuperación y me encuentro contento y satisfecho por pertenecer a esta hermosa Comunidad de Alcohólicos Anónimos.

Cuando andaba en la actividad, gozaba, según yo, de placeres vanos, como amigos de parranda, invitaciones a beber, conocía a gente que se dedicaba a cosas malsanas y adictivas, malgastando el dinero que ganaba (en buena cantidad en ese tiempo); al fin, era mi tiempo de logro y poder, pero me equivocaba.

Cuando se terminó el dinero se vino todo abajo, ya no había amigos, sólo deudas sin promesas y muchas mentiras. El vivir así durante varios años fue muy amargo para mí, al mirar cómo llevaba a mi familia al sufrimiento, la pobreza, la desilusión y la tristeza; ya saben lo único que puede ofrecer casi todo bebedor problemas.

Pero al ingresar en Alcohólicos Anónimos, empecé a observar cómo mis compañeros que hacían el servicio se sentían bien, con agrado de hacer las cosas, celosamente cumpliendo con sus agendas programadas con disciplina, cosa que yo estaba bastante lejos de entender. Notaba que a través de pasar el mensaje, sentían satisfacción y agradecimiento, cosa que yo buscaba para llenar ese vacío existencial que no sabía qué era, pero sí lo sentía.

El levantar la mano para adquirir un servicio es comprometerse a involucrarse en actividades de desprendimiento y gratitud, es levantar la mano a la vida nueva y honesta de cambios y entendimiento, de aceptación para dejar esos viejos moldes de deseos personales y de que todo se me diera o se hiciera como yo quería. Mis compañeros me dan la confianza de servir para mi propia recuperación, si no lo hago por mí, otro lo hará, y ese, llevará esa fortaleza y recuperación que yo no quise por flojera o falta de tiempo o gratitud.

Me siento bien buscando alternativas para un mejoramiento, concediendo mejores estrategias, aportando lo que me corresponde como miembro que sabe que se requieren contribuciones voluntarias que son para mí bienestar y para mi Comunidad, poniendo cuidado de no quebrantar tradiciones o darle vida a mis deseos personales o esa soberbia y falso orgullo que envilece el alma y el espíritu de servicio.

En una electiva o donde se requiera, si levanto mi mano es alzando mi dedo porque estoy apuntando al Todopoderoso, pidiéndole que me dé la oportunidad de ofrecer mi acción a Él. También poniendo claro que les agradezco a mis compañeros toda su ayuda, nunca engrandeciéndome al servirles, exigiendo que todos se integren y participen; esa decisión es de cada quien, vivir para servir, no servir para levantar mi ego.

Vivamos esa hermosa experiencia de trasmitir el mensaje de vida a ese borracho que aún no lo sabe y no ha llegado todavía. Sólo basta la decisión de sentirse útil y dar lo mejor que haya en mi interior.

Plenitud Digital AA ...