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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 24 March 26
25 March 2020
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Levanta la mano a la vida Levanta la mano a la vida
Arturo S.
Área México Sur

Soy un alcohólico en recuperación y me encuentro contento y satisfecho por pertenecer a esta hermosa Comunidad de Alcohólicos Anónimos.

Cuando andaba en la actividad, gozaba, según yo, de placeres vanos, como amigos de parranda, invitaciones a beber, conocía a gente que se dedicaba a cosas malsanas y adictivas, malgastando el dinero que ganaba (en buena cantidad en ese tiempo); al fin, era mi tiempo de logro y poder, pero me equivocaba.

Cuando se terminó el dinero se vino todo abajo, ya no había amigos, sólo deudas sin promesas y muchas mentiras. El vivir así durante varios años fue muy amargo para mí, al mirar cómo llevaba a mi familia al sufrimiento, la pobreza, la desilusión y la tristeza; ya saben lo único que puede ofrecer casi todo bebedor problemas.

Pero al ingresar en Alcohólicos Anónimos, empecé a observar cómo mis compañeros que hacían el servicio se sentían bien, con agrado de hacer las cosas, celosamente cumpliendo con sus agendas programadas con disciplina, cosa que yo estaba bastante lejos de entender. Notaba que a través de pasar el mensaje, sentían satisfacción y agradecimiento, cosa que yo buscaba para llenar ese vacío existencial que no sabía qué era, pero sí lo sentía.

El levantar la mano para adquirir un servicio es comprometerse a involucrarse en actividades de desprendimiento y gratitud, es levantar la mano a la vida nueva y honesta de cambios y entendimiento, de aceptación para dejar esos viejos moldes de deseos personales y de que todo se me diera o se hiciera como yo quería. Mis compañeros me dan la confianza de servir para mi propia recuperación, si no lo hago por mí, otro lo hará, y ese, llevará esa fortaleza y recuperación que yo no quise por flojera o falta de tiempo o gratitud.

Me siento bien buscando alternativas para un mejoramiento, concediendo mejores estrategias, aportando lo que me corresponde como miembro que sabe que se requieren contribuciones voluntarias que son para mí bienestar y para mi Comunidad, poniendo cuidado de no quebrantar tradiciones o darle vida a mis deseos personales o esa soberbia y falso orgullo que envilece el alma y el espíritu de servicio.

En una electiva o donde se requiera, si levanto mi mano es alzando mi dedo porque estoy apuntando al Todopoderoso, pidiéndole que me dé la oportunidad de ofrecer mi acción a Él. También poniendo claro que les agradezco a mis compañeros toda su ayuda, nunca engrandeciéndome al servirles, exigiendo que todos se integren y participen; esa decisión es de cada quien, vivir para servir, no servir para levantar mi ego.

Vivamos esa hermosa experiencia de trasmitir el mensaje de vida a ese borracho que aún no lo sabe y no ha llegado todavía. Sólo basta la decisión de sentirse útil y dar lo mejor que haya en mi interior.
Me han enseñado a vivir Me han enseñado a vivir
Fernando C.
Área Oaxaca Istmo

Mi pareja me abandonó después de 10 años de haber vivido juntos. La soledad me orilló a buscar ayuda porque sentí que era una persona inútil que no había podido retenerla y mi orgullo herido me hizo levantarme y pensé que no me iba a ver borracho.

El grupo que me recibió era de 3 miembros, un comerciante, un albañil y un policía, y desde el momento que llegué sentí ese calor humano que no se siente en ningún otro lado, la alegría con la que ellos vivían me contagió, el amor al barrer su grupo, lavar las tazas, servir un café, ese café que no se toma en el mejor restaurante, y dije “no sé qué es lo que ellos hayan encontrado en este programa, pero yo lo quiero”.

Tenía una soledad que no se llenaba con nada, me sugirieron que asistiera diario y así lo hice. A la semana me dijeron que si quería prestar un servicio y les dije que no porque tenía mucho trabajo; no me obligaron, pero a los pocos días dije: “quiero estar como ellos a ver qué se siente”, y comencé con la cafetería y la limpieza.

Recordaba que mi mujer me abandonó por irresponsable y pensé que debía cambiar y si ellos podían dejar de tomar yo también podía.

El grupo estaba limpio, comencé a sentirme útil y me dio confianza porque les gustaba mi servicio y yo me sentía ya parte del grupo. Veía que cada que hacía un buen servicio en el grupo, en mi vida cotidiana me iba bien, y los compañeros decían que los mejores días estaban por llegar.

El día de hoy tengo una nueva familia que conoce mi problema y me apoya a que siga estando en este bendito programa porque ellos también reciben los beneficios de que esté en un grupo, porque les he explicado que si vivimos tranquilos es gracias a que en Alcohólicos Anónimos me dan la sugerencia para poder enfrentar la vida, porque ese era mi problema: que tenía miedo a vivir. Pero aquí es la escuela donde me han enseñado a hacerlo, de una manera útil y feliz.

Plenitud Digital AA ...