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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 30 April 1
31 March 2020
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Una razón para vivir Una razón para vivir
Ricardo C.
Área Quintana Roo Dos

Era apenas un niño cuando perdí a mi madre, por primera vez en mi vida sentí el dolor y la soledad. Repentinamente me volví tímido, retraído, aislado. A los 14 años vino el alivio, el bálsamo, el elixir de la vida, el alcohol me hizo su víctima y empecé a depender de él. Me quería perder en ese mundo donde no te importa nada, pero llegó el momento en que empecé a sentir un vacío, al cual no lo llenaba con nada.

Hasta que mi sufrimiento fue más grande, ya tenía 24 años y me creía joven y con dinero. De nada me servía, pues siempre terminaba tirado en las banquetas o en el piso. Perdí el deseo de vivir, aun teniendo a mi esposa y una hija que falleció. Por mi manera de pensar, actuar y ser, empecé a hacer promesas, cambié de religiones, pero no daban resultado. Un día, un amigo de mi hermana me habló de Alcohólicos Anónimos, “yo te llevo”, me dijo y me dejé llevar por compromiso, por lo mal que me sentía y para ver qué pasaba; lo acompañé una que otra vez.

Pensé: “esto no es para mí, además relatan sus experiencias, mejor me voy”. Pero la semilla estaba sembrada, no pasó mucho tiempo cuando ya estaba en peores condiciones. Me dije: “qué necesidad tengo de estar sufriendo si existe un lugar donde puedo dejar de hacerlo”. Regresé. Así empezó una razón para vivir, todo se fue dando, me di cuenta de que la vida tiene sentido. Mi dolor se hizo pequeño compartiéndolo con mis compañeros de grupo y hoy sigo asistiendo con ellos.
Una visión para mí Una visión para mí
Alberto G.
Área México Oriente Uno

Como miembro de la Comunidad de Alcohólicos Anónimos, escribo sobre cuando era un adolescente de 15 o 16 años. Solíamos juntarnos entre unos 6 o 7 compañeros para ir a fiestas de parientes y observábamos a los adultos cómo reaccionaban ante la bebida, siendo torpes y eufóricos, hablando fuerte y con groserías, hasta volverse violentos. Consciente de este trastorno de personalidad, juré nunca beber.

Al iniciar la secundaria no hubo dificultades, pero en el segundo año, mis compañeros confabulaban para irse de pinta a beber. La tentación de lo desconocido, curiosidad y la aventura se me presentó o me incliné hacia el mundo del bebedor. Así que cuando me invitaron, acepté. Un compañero de clase media ya tenía auto y permiso de conducir. Pasamos a comprar cervezas, llegamos al parque y a correr, saltar y por supuesto a beber. Me comencé a sentir eufórico y mareado. Luego, otro compañero sacó una botella de vodka y comimos, por lo que no pasó a mayores.

Fue así que comencé a caer en las garras sutiles del alcoholismo. Pasó el tiempo y me fui adentrando cada vez más en este vicio al grado de que se me hizo una obsesión.

Los problemas que acarreó mi alcoholismo fueron varios, desde insultar a todos, no hacer nada para mi futuro, no durar en mis relaciones amorosas ni sociales, sólo tenía “amigos” de parranda. Así fue que gradualmente fui cayendo bajo y no encontraba una mujer para mí. Todos me reclamaban, me decían que cuidara mi forma de beber, pues al hacerlo me transformaba en una persona impertinente y grosera.

Yo me negaba rotundamente a tener problemas con la bebida; para consolarme decía que exageraban, que yo no era así. Me volví desobligado en toda la expresión de la palabra. Después, tal vez, pensé que sí me trastornaba, por lo que me di a la tarea de buscar ayuda y encontré el grupo de Alcohólicos Anónimos, llamado Una Visión Para Ti.

También dudaba del grupo, pues antes había escuchado en las borracheras que Alcohólicos Anónimos era lo peor, que salía uno más enfermo. Pero decidí asistir (con cierto morbo) para saber qué tan enfermo estaba. Cuando entré, me recibieron amablemente, con respeto y esto me infundió confianza.

Al pasar el tiempo, a través de la unidad, el compartimiento y la práctica del programa, me di cuenta e que sí estaba muy enfermo, pues era la primera vez que razonaba para trascender como ser humano, lo que había perdido. Pero gracias a esto, dejé de beber y me hicieron concebir una nueva visión para mí. ¡Gracias, compañeros!

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