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EXPERIENCIAS DIARIAS

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April 3 April 5
4 April 2020
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Ahora valgo Ahora valgo
Irma O.
Área Oaxaca Centro

Antes que iniciara mi carrera alcohólica, era una mujer alegre, pero muy corajuda con mis hijas. Me gustaba mucho mi trabajo, me preocupaba por mi familia, por mi casa; aunque estaba lejos de mi tierra, les hablaba por teléfono y los visitaba.

Nunca pensé que me iba a volver alcohólica, ya que yo detestaba a los borrachos.
Inicié de manera social, con mis compañeros de trabajo; me fui adentrando cada día más y más en mis borracheras, al grado de que me olvidé de mi esposo por estar con mis amistades del trago. Descuidé a mis hijas y a mi trabajo, asistía pero no lo hacía con ganas, sólo por inercia. De mi casa ni hablar porque sólo la ocupaba de hotel.

Un día sentí que ya no podía seguir viviendo así, tenía un infierno tanto para mí, pero lo más duro, para mis 2 hijas. Sentía que estaba a fuerza en mi trabajo e iba para abajo; siendo una mujer que decía que siempre se tenían que hacer las cosas bien; Irma se perdió, se hundió, se olvidó de ella y la dominó el alcohol.

Gracias a mi hija que tanto insistió, llegué al grupo de Alcohólicos Anónimos en el que hoy milito y estoy empezando a tener fe. Creo nuevamente en Dios y estoy luchando por ser una nueva Irma. Estoy armando mi rompecabezas que se deshizo. Le doy gracias a los compañeros que me recibieron esa noche. Ahora me miro en el espejo y sonrío. Irma empieza a decir: “valgo nuevamente”.
Amor y tolerancia Amor y tolerancia
Martín A.
Área Veracruz Dos

Cuando ingresé a Alcohólicos Anónimos en la ciudad de Teocelo, Veracruz, el 19 de marzo de 1993, me recibieron con gusto, me dijeron que era el más importante y me la creí. Desde entonces asistí al grupo diariamente, pensando que les enseñaría como se leía y cómo se hacían los servicios.

Lo que no sabía es que en Alcohólicos Anónimos no se enseña ni juzga, sólo se guía con el ejemplo, respetando los puntos de vista y la forma en cómo los compañeros llevan el mensaje y los trabajos. Tenía que adaptarme a ellos, no ellos a mí. El hecho de que ellos no supieran leer no era motivo para manipularlos, mucho menos para menospreciarlos. Era tanto mi orgullo que afirmaba “qué me pueden enseñar mis compañeros, son analfabetas”. Gracias a Dios, mis compañeros, a su manera practicaban el bienestar común y nunca me demostraron enojo, menosprecio o indiferencia, siempre me toleraron, sobre todo mi compañero Froylan (q.e.p.d.).

Me apadrinaba con el ejemplo, me decía: “Martín, hay que llegar media hora antes, hay que comprar pastel, yo pongo la mitad, aquí no se manda ni ordena. En Alcohólicos Anónimos lo prohibido es prohibir. Aquí todos somos iguales, lo que importa es que estés dispuesto a dar lo mejor de ti para ayudar y guiar”.

Hoy entiendo que mi bienestar empieza cuando tolere, coopere y sirva al grupo. Gracias a mi Poder Superior, por darnos la oportunidad de conocer, como Froylan, a los que saben dar amor a los nuevos y sobre todo, tolerar a los soberbios.

Plenitud Digital AA ...