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EXPERIENCIAS DIARIAS

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May 16 May 18
17 May 2020
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¿A quién le sirvo? ¿A quién le sirvo?
Juan P.
Área Guanajuato Bajío

Llegué al grupo Providencia en Milwaukee, Estados Unidos, sin dinero, sin ganas de vivir, desilusionado de la vida que había llevado y sin entusiasmo por regresar a mi pueblo, en México.

Pero en el momento que entré a este grupo, invitado por un compañero de trabajo, Ricardo P., me dio un abrazo y me dijo: “sea usted bienvenido; la tormenta ya terminó, si usted decide quedarse con nosotros”. Nunca olvidaré ese primer día.

Comencé a servir café, limpiar el grupo, coordinar las reuniones y siempre me gustaba escuchar los informes de los servidores. Le preguntaba a mi padrino Salvador qué se necesitaba para realizar eso que ellos hacen, porque yo lo quería hacer. “Tranquilo, Juanito”, me decía, “esto es con calma. No te desanimes, algún día serás servidor de Estructura, si te das cuenta a quién es al que se le sirve”.

Regresé de Estados Unidos a mi pueblo, con 3 meses de sobriedad. Me uní al grupo Unidad, en el cual, hasta el día de hoy, milito. Ahí se me dio la oportunidad de realizar los servicios básicos del grupo, hasta llegar a ser el representante de Servicios Generales. Ahí empecé a enamorarme del servicio hacia mis hermanos, fui cambiando juicios y actitudes, a ser disciplinado y a tener gratitud.

Terminé este servicio y continué en el distrito como secretario. En este periodo viví momentos muy difíciles. Mi esposa perdió a 4 familiares. Esto me desanimó porque ella estaba muy mal, pero en mi mente aparecía mi padrino diciéndome “sigue adelante”.

Lo hice y continué haciendo servicio, con amor, con el apoyo de mi esposa y de mis 2 hijas. Y entonces me pregunté “¿a quién sirvo?”, y no me quedó duda de que a mi Poder Superior; así nunca pondré pretextos para realizar mi servicio. Ojalá todos nos hiciéramos esa pregunta.
La relación con todos ha mejorado La relación con todos ha mejorado
Rafael
Área Durango

En marzo de 1989, llegué a Alcohólicos Anónimos pero no me quedé. Sin embargo, creo que desde entonces se prendió una lucecita dentro de mí que me sirvió para que cambiara de vida.

Empecé a beber a los 17 años de edad, estaba en secundaria. De ahí bebía cada vez que se me presentaba la oportunidad. Había yo dicho que nunca bebería, pues ya me había tocado batallar con un hermano mayor que tomaba mucho. Pero es que me había gustado el efecto pues así podía hablarle a las muchachas y se me quitaba lo tímido.

Sin embargo, el alcohol hizo de mí lo que quiso e hice sufrir mucho a mi madre, a mi esposa, a mis hijos y a mis hermanos, con quienes tuve algunos problemas. Tuve muchas fugas geográficas, estuve a punto de divorciarme y recaí varias veces.

Pero gracias a Dios, como yo concibo, y a Alcohólicos Anónimos, hoy conservo a mi familia y vivo feliz. La relación con todos ellos ha mejorado, gracias a que día a día voy practicando el programa.

Plenitud Digital AA ...