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EXPERIENCIAS DIARIAS

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March 31 April 2
1 April 2020
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Una visión para mí Una visión para mí
Alberto G.
Área México Oriente Uno

Como miembro de la Comunidad de Alcohólicos Anónimos, escribo sobre cuando era un adolescente de 15 o 16 años. Solíamos juntarnos entre unos 6 o 7 compañeros para ir a fiestas de parientes y observábamos a los adultos cómo reaccionaban ante la bebida, siendo torpes y eufóricos, hablando fuerte y con groserías, hasta volverse violentos. Consciente de este trastorno de personalidad, juré nunca beber.

Al iniciar la secundaria no hubo dificultades, pero en el segundo año, mis compañeros confabulaban para irse de pinta a beber. La tentación de lo desconocido, curiosidad y la aventura se me presentó o me incliné hacia el mundo del bebedor. Así que cuando me invitaron, acepté. Un compañero de clase media ya tenía auto y permiso de conducir. Pasamos a comprar cervezas, llegamos al parque y a correr, saltar y por supuesto a beber. Me comencé a sentir eufórico y mareado. Luego, otro compañero sacó una botella de vodka y comimos, por lo que no pasó a mayores.

Fue así que comencé a caer en las garras sutiles del alcoholismo. Pasó el tiempo y me fui adentrando cada vez más en este vicio al grado de que se me hizo una obsesión.

Los problemas que acarreó mi alcoholismo fueron varios, desde insultar a todos, no hacer nada para mi futuro, no durar en mis relaciones amorosas ni sociales, sólo tenía “amigos” de parranda. Así fue que gradualmente fui cayendo bajo y no encontraba una mujer para mí. Todos me reclamaban, me decían que cuidara mi forma de beber, pues al hacerlo me transformaba en una persona impertinente y grosera.

Yo me negaba rotundamente a tener problemas con la bebida; para consolarme decía que exageraban, que yo no era así. Me volví desobligado en toda la expresión de la palabra. Después, tal vez, pensé que sí me trastornaba, por lo que me di a la tarea de buscar ayuda y encontré el grupo de Alcohólicos Anónimos, llamado Una Visión Para Ti.

También dudaba del grupo, pues antes había escuchado en las borracheras que Alcohólicos Anónimos era lo peor, que salía uno más enfermo. Pero decidí asistir (con cierto morbo) para saber qué tan enfermo estaba. Cuando entré, me recibieron amablemente, con respeto y esto me infundió confianza.

Al pasar el tiempo, a través de la unidad, el compartimiento y la práctica del programa, me di cuenta e que sí estaba muy enfermo, pues era la primera vez que razonaba para trascender como ser humano, lo que había perdido. Pero gracias a esto, dejé de beber y me hicieron concebir una nueva visión para mí. ¡Gracias, compañeros!
Todos con la misma oportunidad Todos con la misma oportunidad
Jorge
Área Yucatán Uno

Nunca pensé que dejaría de beber, pues todo lo que conocía giraba alrededor del alcohol y me fue muy fácil involucrarme en ese ambiente, pues pensé que era lo normal, ya que todos lo hacían y no veía que les causara problemas.

Pero conmigo sucedió algo que no podía explicar, pues desde el primer contacto con el alcohol tuve problemas, perdí oportunidades, estudios, sufrí humillaciones, golpes, abandonos, encarcelamientos, etcétera.

Siempre había una buena justificación para todo; decía que el alcohol no era el causante de lo que me sucedía, pero nunca hubo una razón para sufrir y hacer sufrir a todos los que estaban a mi alrededor.

Después de 20 años de alcoholismo y de haber pasado por tantos problemas, llegué a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Fue el grupo 20 de Mayo, del 9° distrito, el que me dio la bienvenida, con buenas experiencias que me hicieron reaccionar y convencerme de lo mal que había actuado durante mi carrera alcohólica.

Me hicieron sentir útil cuando me ofrecieron un servicio y me enseñaron a ser responsable a través de la asistencia diaria, así como a las instituciones a pasar el mensaje. Mi hicieron conocer la felicidad a través de ayudar al recién llegado, como un día lo habían hecho conmigo, y me enseñaron el don de dar sin esperar nada a cambio, lo cual, no tiene valor material.

Hoy me permiten servirles en la oficina del 9° distrito, con todo el amor y la responsabilidad de la que soy capaz para cumplir con el único objetivo que tenemos como Comunidad: transmitir el mensaje a aquel que todavía sufre por su manera de beber.

Día a día agradezco a Dios, como yo lo concibo, por darme la gran oportunidad de sentir útil y feliz, haciendo lo necesario para que otros tengan esta misma oportunidad. Hoy, mi familia, que tanto sufrió viendo cómo me hundía, me apoya para que pueda salir adelante en todo lo que haga dentro de mi servicio.

Plenitud Digital AA ...