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EXPERIENCIAS DIARIAS

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April 22 April 24
23 April 2020
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Sin alcohol, se disfruta mejor Sin alcohol, se disfruta mejor
Francisco L.
Área Quintana Roo Dos

Cuando llegué a Alcohólicos Anónimos no pretendía dejar de beber. Siempre estaba renegando y no comprendía el programa; sin embargo, el compañero que me llevaba al grupo manifestó haberse cansado, cosa que me alegró, porque pensé que ya me había liberado de todos estos locos. Pero sucedió que otro compañero se ofreció para ir por mí a casa y pensé que si no me liberaba de ellos, al menos pondría atención a lo que leían y compartían.

De ahí en adelante, comencé a entender lo que me decían y fui notando los cambios en mi manera de vivir y me fortalecía para practicar el programa. En ese momento, estaba ya a punto de cumplir 3 años sin beber.

Yo dependo de que me lleven y me lean, ya que perdí la vista como consecuencia de mi alcoholismo y no conocí esta ciudad donde ahora radico. Por fortuna, mis padrinos resultaron ser lo opuesto a lo que yo pensaba; todos me han apoyado y me han ayudado a entender el programa.

Es por ello que deseo invitar a las personas que beben a que se animen para asistir a una junta de información y se enteren cómo es que trabaja realmente Alcohólicos Anónimos y así tener un cambio de vida, ya que sin alcohol, la vida se disfruta mejor, pues el programa de recuperación sí funciona.
Volver a despertar Volver a despertar
Karím D.
Área Jalisco Centro

Conocí Alcohólicos Anónimos a los 19 años de edad. Vivía en casa mis padres, con una hermana 6 años menor que yo, clase media alta, practicaba deportes como la natación, Tae Kwon Do y físico-constructivismo. Estudiaba la carrera de Administración de Empresas, tenía mi coche, una novia que llenaba todas mis expectativas como mujer, y muchos deseos de triunfar y realizarme.

Un año y 4 meses después, me di la razón, juzgué y me fui convencido de que yo podía solo. Tres meses después, me encontraba parado sobre una barra en el boulevard de Boca de Río, Veracruz, con un litro de cerveza en mi mano derecha, pensando y al mismo tiempo viendo cómo se sol se metía; consideré que no era alcohólico pues era joven, pero terminé ebrio en la banqueta, recriminándome por qué lo había hecho.

Esta borrachera me duró 7 días y regresé al grupo de Alcohólicos Anónimos, lleno de envidia porque había gente de mi edad que había permanecido sin beber. Mi ego sólo toleró 7 meses y me volví a ir, resentido con mis compañeros y con mis padrinos, sin ninguna justificación ni motivo.

La disciplina, disposición, espíritu de servicio, la honestidad y la obediencia, fueron parte de mi vida los siguientes 4 años. Regresé a los estudios y comencé a trabajar. Me casé, tuve una niña, todo marchaba bien. Tenía buen sueldo, buena casa, creí que podría controlar el alcohol otra vez. Hacía viajes fantasma, inventados por mi propia enfermedad, con el fin de ahogarme de borracho sin que nadie se opusiera o me hiciera algún reclamo.

Una tarde, sentado en mi oficina, viendo cómo la gente responsable llevaba a sus hijos a la escuela y otros más de camino a sus trabajos. Yo no podía pensar más que en alcoholizarme y olvidar toda esa estela de fracasos, que traía durante estos últimos 15 años. Esa tarde me senté en una banqueta, sintiendo hambre, el sol calándome en el rostro y sin nadie que me ayudara a salir de esta situación, me sentía acorralado ante la realidad de mi alcoholismo.

No pude más y así, derrotado por las malas decisiones de mi vida (estoy joven, soy diferente, no es para tanto), regresé al grupo de Alcohólicos Anónimos y pedí ayuda. Aquí era mi lugar, la mejor solución, la manera más rápida y fácil de ser feliz.

Hoy, me siento firme y digno. No todo es miel sobre hojuelas, pero esto es volver a despertar.

Plenitud Digital AA ...