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EXPERIENCIAS DIARIAS

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May 1 May 3
2 May 2020
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Sin culpa hacia la recuperación Sin culpa hacia la recuperación
Alex T.
Área Chihuahua Centro

La muerte de mi padre fue la primera advertencia que me impactó en mi camino de bebedor. A pesar que viví en casa el ejemplo de una persona alcohólica que podía ser responsable, pues siempre cumplió con sus obligaciones, no guardo en mi memoria algún cuento desagradable por su manera de beber.

De adolescente comencé a seguir sus pasos, me agradaba ser como él y lo alegre que era, mientras yo iba descubriendo esas cosas que me regalaba alcohol y no me daba cuenta que otra historia me esperaba.

Cuando él murió y me dijeron que la causa había sido la cirrosis, duré mucho tiempo en aceptar que él estaba enfermo de alcoholismo, pues para mí ya era normal y su forma de vivir era la misma que yo quería.

Tiempo después comprendí que el mensaje de su muerte taladraba mi conciencia y me decía que mi destino seria el mismo si continuaba así. No sabía lo que me pasaba y en desesperados intentos por dejar de beber, me desconcertaba volver a hacerlo, pues ya estaba convencido de que no quería terminar mi vida de esa manera.

Un día me dijeron que el alcoholismo era una enfermedad crónica y mortal. Esas palabras me llevaron a reconocer y admitir que tengo la misma enfermedad de mi padre. Esto me abrió la puerta para liberar el sentimiento de culpa que se escondía, mostrándome un camino a la recuperación, gracias a Alcohólicos Anónimos.
Sin disfraz Sin disfraz
Antonio Carlos
Área Zacatecas Sur

Siempre fui ingobernable desde joven y me llevaron a conocer el programa de Alcohólicos Anónimos. Duraba espacios de 2 años asistiendo al grupo Fe y Esperanza y luego dejaba de ir, con el pretexto de cambiar de ciudad por cosas de mi trabajo; y cuando menos lo esperaba ya estaba bebiendo y perdiendo mi empleo.

No entendía el camino que debía recorrer. Tuve muchas recaídas porque las trampas de la soberbia me decían que yo tenía el poder para beber como un bebedor social, con medida; pero eso no ocurrió y llegué a estar al borde de la muerte.

Así paso mi vida, sin sentido ni meta, y cuando menos lo esperaba un alcohólico me preguntó “¿por qué bebes?”; yo respondí que no sabía. Entonces me pasó su experiencia y entendí que yo, desde mi primera borrachera, tuve lagunas mentales, me tenían que contar al día siguiente todo lo que había hecho y me dije que debía parar. Así, Alberto me invitó al grupo y aquí estoy tratando de balancear mi camino y sacar provecho de la vida; porque la vida es buena y aquí estoy, sin disfraz, un día a la vez.

Plenitud Digital AA ...